
Eran las 20:30 horas y el Auditorio lucía medio vacío. No parecía que los 15 de rigor cumplieran esta vez su cometido y entregaran a Alanis, a las 20:45, el grito eufórico de un foro medio lleno o pletórico si se prefiere ignorar al desértico segundo piso.
Sobre el escenario, igualmente medio vacío, cinco músicos iniciaban la velada con los acordes de “Uninvited” cuando sabrá Dios de que recónditas profundidades, como un trueno, la voz de la canadiense se dejó escuchar, para luego acompañarse con la relampagueante presencia de una mujer de blusa azul eléctrico y leggins negros que colmó el espacio.
A partir de entonces, el tipo de ojos medio cerrados del asiento contiguo llenó de Alanis sus binoculares durante hora y media. Ni aplausos, ni teléfonos celulares, ni un cosquilleo en la nariz o en la cabeza lograron separar sus manos del aparato que extendía su visión.
Desde la segunda fila del primer piso, el par de cilindros negros iban, venían, derecha, izquierda, ligeramente y modestia aparte, anunciando el lujo de la tercera dimensión, el zoom permanente a cada giro, a cada salto de la intérprete de "You Oughta Know", sin echar de menos la pantalla gigante que no apareció.
“Not as we”, “Perfect", "Not the Doctor", y algunas novedades como "Versions of Violence". Una armónica, una guitarra y una potente voz fueron llenando el vacío que una ausencia de 10 años dejó.
El cabalístico 13 de un set list de 18, medio corto para una cantautora que volvía llena de éxitos, dio tregua al oscilatorio temblor de codos del caballero en cuestión, cuando la versión acústica de “Head in my pocket” llevó a la poseedora de 7 Gramys a tomar un lugar al centro del escenario.
Nick Lashley, guitarra de la banda, último en ser presentado marcó el preámbulo del primer adiós.
La comunión entre artista y público era tan evidente como la que había entre el hombre de los ojos medio cerrados y su aparato visor, mas llegó el momento de la separación.
La oscuridad auspició un muy breve silencio e irónicamente delató por un momento los ojos del observador.
“Gracias, esta canción es para ustedes”, dijo Alanis cuando empezaba a sonar “Learn”, y los gemelos volvieron a su posición. “Ironic” y “Thank you” cerraron el primer y único encore.
Por unos segundos, la luz terminó llenando de córneas los desprotegidos párpados del hombre de ojos medio cerrados, mientras los binoculares sufrían de acluofobia dentro de la mochila negra de su poseedor.
Sobre el escenario, igualmente medio vacío, cinco músicos iniciaban la velada con los acordes de “Uninvited” cuando sabrá Dios de que recónditas profundidades, como un trueno, la voz de la canadiense se dejó escuchar, para luego acompañarse con la relampagueante presencia de una mujer de blusa azul eléctrico y leggins negros que colmó el espacio.
A partir de entonces, el tipo de ojos medio cerrados del asiento contiguo llenó de Alanis sus binoculares durante hora y media. Ni aplausos, ni teléfonos celulares, ni un cosquilleo en la nariz o en la cabeza lograron separar sus manos del aparato que extendía su visión.
Desde la segunda fila del primer piso, el par de cilindros negros iban, venían, derecha, izquierda, ligeramente y modestia aparte, anunciando el lujo de la tercera dimensión, el zoom permanente a cada giro, a cada salto de la intérprete de "You Oughta Know", sin echar de menos la pantalla gigante que no apareció.
“Not as we”, “Perfect", "Not the Doctor", y algunas novedades como "Versions of Violence". Una armónica, una guitarra y una potente voz fueron llenando el vacío que una ausencia de 10 años dejó.
El cabalístico 13 de un set list de 18, medio corto para una cantautora que volvía llena de éxitos, dio tregua al oscilatorio temblor de codos del caballero en cuestión, cuando la versión acústica de “Head in my pocket” llevó a la poseedora de 7 Gramys a tomar un lugar al centro del escenario.
Nick Lashley, guitarra de la banda, último en ser presentado marcó el preámbulo del primer adiós.
La comunión entre artista y público era tan evidente como la que había entre el hombre de los ojos medio cerrados y su aparato visor, mas llegó el momento de la separación.
La oscuridad auspició un muy breve silencio e irónicamente delató por un momento los ojos del observador.
“Gracias, esta canción es para ustedes”, dijo Alanis cuando empezaba a sonar “Learn”, y los gemelos volvieron a su posición. “Ironic” y “Thank you” cerraron el primer y único encore.
Por unos segundos, la luz terminó llenando de córneas los desprotegidos párpados del hombre de ojos medio cerrados, mientras los binoculares sufrían de acluofobia dentro de la mochila negra de su poseedor.
1 comentario:
Me parece genial que al fin tengas tu blog! Espero que nos des mucho que leer, no sólo crónicas, sino tambien algunos poemas muy buenos que sé tienes guardados. Me encanta como escribes.
Diana C.
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